Las Coloradas: la guía completa para ver la laguna rosa de Yucatán
Por qué el agua de Las Coloradas es realmente rosa, cómo se produce la sal ahí desde hace siglos y qué esperar de un día completo que combina flamencos, manglares y baño de barro maya.

A tres horas y media de la Riviera Maya hay un tramo de costa donde el agua parece haber sido editada con un filtro. No lo fue. Las Coloradas es una serie de estanques de sal en el extremo norte de Yucatán, y su color rosa, a veces casi morado, es un fenómeno biológico real que lleva ocurriendo ahí desde mucho antes de que existiera una cámara para fotografiarlo.
Lo que hace especial a este lugar no es solo el color. Es que ese color convive con una reserva de la biósfera donde anida la colonia de flamencos más grande de Norteamérica, con una industria salinera que sigue operando como hace siglos, y con un ritual de barro maya que muy pocos destinos en México ofrecen en un solo recorrido.
Y es, además, uno de esos lugares que generan una pregunta casi inevitable la primera vez que alguien ve una foto: ¿de verdad se ve así en persona, o es un filtro? La respuesta corta es que sí, se ve así, aunque el motivo por el que sucede tiene más que ver con biología extrema que con paisaje bonito.
¿Por qué el agua de Las Coloradas es rosa?
La explicación no tiene nada que ver con tintes ni edición de fotos. El agua de mar se bombea hacia una serie de estanques de evaporación y, a medida que el sol reduce el volumen de agua, la concentración de sal aumenta. Cuando la salinidad llega a un punto extremo, la mayoría de los microorganismos no sobrevive, pero unos pocos sí: las halobacterias, que tienen membranas con pigmentos rojizos, y microalgas como Dunaliella salina, que producen carotenoides, el mismo tipo de pigmento que le da su color a los flamencos.
Entre más avanza la evaporación, más se concentra el pigmento y más intenso se vuelve el rosa. Por eso no todos los estanques se ven igual: cada uno está en una etapa distinta del proceso, así que puedes caminar unos metros y pasar de un tono rosa pálido a un magenta casi eléctrico. La luz del día también cambia lo que ves. Al mediodía, con el sol directo, el color se ve más saturado; en la tarde, con luz lateral, se vuelve más suave y rosado.
Para que las halobacterias dominen el estanque, la concentración de sal tiene que acercarse al punto de saturación, muy por encima de la salinidad normal del mar abierto. En ese punto extremo, prácticamente ningún otro organismo compite por el espacio, así que estas microorganismos toman el control total del agua y su pigmento se vuelve el color dominante de todo el estanque, sin competencia de algas verdes ni de otra vida marina convencional.
Las Coloradas no es el único lugar del planeta con este fenómeno, pero sí uno de los más accesibles. El lago Hillier en Australia y algunas salinas de Torrevieja, en España, presentan una coloración similar por razones parecidas, concentración extrema de sal y microorganismos especializados, pero ninguno combina ese color con una reserva de flamencos silvestres a un costado, algo que sí ocurre aquí.
Hay incluso una relación directa entre el color del agua y la salud del ecosistema: los mismos flamencos que anidan en Ría Lagartos se alimentan en parte de camarones diminutos que a su vez consumen esas microalgas ricas en carotenoides. Es, en cierto modo, la misma pigmentación viajando de la salina al ave, lo que explica por qué ambos fenómenos (el agua rosa y las plumas rosas) comparten el mismo origen químico.
Una industria de sal que empezó con los mayas
Las Coloradas no es un paisaje natural intacto, es una salina activa, y esa es parte de la historia. Los mayas ya extraían sal en esta zona de la costa norte de Yucatán, usándola como moneda de intercambio en rutas comerciales que llegaban hasta el centro de México. La industria actual, mucho más grande y mecanizada, mantiene el mismo principio básico: dejar que el sol y el viento hagan el trabajo de evaporar agua de mar.
El proceso completo, desde que el agua entra a la primera poza hasta que se cosecha la sal, toma entre 10 y 12 meses. El agua avanza por gravedad de un estanque a otro, cada uno con una concentración de sal más alta que el anterior, hasta llegar a los estanques finales, los más rosados, donde la sal ya está lista para cosecharse. En 2021 se inauguró un centro de visitantes oficial en la zona, con guías locales que explican el proceso completo de producción y por qué ciertos estanques se tiñen de rosa mientras otros permanecen transparentes.
Ese ritmo de 10 a 12 meses depende directamente del clima: una temporada de lluvias más intensa de lo normal puede retrasar la cosecha, mientras que meses particularmente secos y calurosos aceleran la evaporación. Por eso la operación completa se organiza por ciclos anuales, no por fechas fijas, y los propios trabajadores de la salina ajustan el ritmo de bombeo de un estanque a otro según cómo se vea el clima esa temporada.
El poblado más cercano es Río Lagartos, un pueblo pesquero tranquilo que sigue viviendo en buena parte de la pesca y del turismo ligado a la reserva. Un poco más al oeste está San Felipe, otro pueblo de pescadores con casas de colores y calles angostas, que muchos visitantes describen como uno de los rincones más auténticos de la costa yucateca, todavía lejos del desarrollo hotelero de la Riviera Maya.
La sal que se cosecha aquí no termina solo en la mesa. Parte de la producción se vende como sal de grano para uso doméstico e industrial, pero también existe una línea de sal artesanal que se comercializa como producto gourmet, valorada por su contenido mineral distinto al de la sal refinada común. En el centro de visitantes es posible comprar bolsas pequeñas de esta sal directamente de los productores locales, una forma sencilla de llevarse algo tangible de la visita.
Durante mucho tiempo, Las Coloradas fue prácticamente un secreto conocido solo por quienes trabajaban en la industria salinera o por viajeros que llegaban por casualidad hasta esta esquina remota de Yucatán. Eso cambió de forma abrupta hace algunos años, cuando las fotos del agua rosa empezaron a circular en redes sociales y el lugar pasó, casi de la noche a la mañana, de ser un destino de nicho a una de las postales más compartidas del sureste mexicano. El centro de visitantes de 2021 fue, en buena medida, una respuesta a ese crecimiento repentino en la afluencia de turistas.
Quien quiera quedarse más tiempo en la zona, más allá de la visita de un día, puede usar San Felipe o El Cuyo como base. El Cuyo, un poco más al oeste todavía, es otro pueblo costero de pescadores que en años recientes ha empezado a recibir visitantes por su tranquilidad, sus atardeceres y un faro histórico que se puede subir para ver el pueblo completo desde arriba. Ninguno de los dos tiene la infraestructura hotelera de la Riviera Maya, y esa es exactamente la razón por la que algunos viajeros los prefieren.
¿Se puede nadar en la laguna rosa?
No. Y vale la pena decirlo con claridad porque es la pregunta que más se repite antes de visitar. Las Coloradas es una instalación salinera en operación, no una alberca natural, y nadar ahí dañaría tanto el proceso de producción de sal como el delicado equilibrio de microorganismos que le da su color al agua. Lo que sí puedes hacer es caminar por senderos y miradores habilitados junto a los estanques, tomar fotos de cerca sin meterte al agua, y aprender de primera mano cómo funciona una industria que lleva siglos activa en la misma franja de costa.
Esta restricción sorprende a algunos visitantes que llegan con la expectativa, alimentada por ciertas fotos en redes sociales, de encontrar algo parecido a una alberca infinita de color rosa. La realidad es más interesante: se trata de presenciar un proceso industrial y biológico en tiempo real, no de convertir el lugar en un balneario, y esa distinción es justo lo que mantiene intacto tanto el ecosistema como la producción de sal.
Quien visita por su cuenta, sin tour organizado, paga una cuota de acceso en el centro de visitantes que ronda entre 350 y 430 pesos mexicanos por persona, dependiendo de la temporada y de si eres residente o visitante internacional. En un tour como el nuestro, ese acceso y el resto de la logística ya están resueltos, y lo único que corre por separado es el impuesto local de la reserva, que se paga directamente en el sitio.
La experiencia de nado llega más adelante en el recorrido, no en la laguna rosa sino en el estuario de la Reserva de la Biósfera Ría Lagartos, donde el contacto con el agua sí está permitido y forma parte central del tour.
La Reserva de la Biósfera Ría Lagartos
A un lado de las salinas está Ría Lagartos, declarada Reserva de la Biósfera por la UNESCO en 2004 y con una extensión de 60,348 hectáreas de manglares, marismas, dunas y selva baja a lo largo de la costa norte de Yucatán. Es, sobre todo, el único sitio de anidación del flamenco rosado del Caribe (Phoenicopterus ruber ruber) en todo México, y alberga la colonia reproductiva más grande de esta especie en Norteamérica.
La designación de la UNESCO no es solo un título honorífico: implica restricciones reales sobre qué actividades pueden desarrollarse dentro de la reserva, cuántas embarcaciones pueden operar simultáneamente en los canales y qué distancia mínima debe mantenerse frente a los nidos activos durante la temporada de anidación. Son justamente esas reglas las que han permitido que la colonia de flamencos se mantenga como la más grande del continente después de varias décadas de protección continua.
Los flamencos suelen verse en la reserva entre marzo y noviembre, con la mayor concentración durante la temporada de anidación a mitad de ese periodo. Pero no son la única razón para navegar los manglares en lancha: la reserva tiene más de 250 especies de aves registradas, además de cocodrilos americanos, pelícanos y garzas que se observan directamente desde el bote, sin jaulas ni distancia artificial de por medio.
El recorrido en lancha avanza despacio por canales estrechos entre manglares, deteniéndose cada vez que el guía identifica algo digno de señalar: un nido de garza, un cocodrilo asoleándose en la orilla, un grupo de flamencos alimentándose en aguas someras. No se trata de perseguir a los animales para una foto cercana, sino de dejar que el propio ritmo del manglar dicte cuánto tiempo se pasa en cada punto, siempre sin tocar ni alimentar a la fauna.
El recorrido en lancha por los canales es, en muchos sentidos, el contrapunto perfecto a la parte industrial de las salinas: ahí todo es artificial y geométrico, aquí todo es manglar denso y silencio roto solo por aves. Ver ambos paisajes en la misma mañana es parte de lo que hace memorable este día.
Ría Lagartos no es la única reserva de flamencos de la península. Celestún, en la costa oeste de Yucatán, es su contraparte más conocida y suele tener más visitantes por su cercanía a Mérida. Lo que distingue a Ría Lagartos es precisamente su combinación con las salinas: en Celestún ves flamencos en un estuario, aquí los ves junto a un paisaje industrial que, sin proponérselo, se volvió una de las postales más buscadas del país.
El baño de barro maya
En algún punto del recorrido por el estuario, la lancha se detiene junto a un banco de lodo mineral. Este baño de barro es un ritual de bienestar de raíz maya, no un montaje turístico moderno: el lodo del estuario, rico en minerales, se ha usado tradicionalmente para el cuidado de la piel en comunidades de la costa yucateca. Te cubres de barro, dejas que se seque un momento bajo el sol, y luego te sumerges en el agua del estuario para enjuagarte, un contraste refrescante después de horas de navegación y calor.
Es, junto con la vista de las salinas, el momento que más se recuerda del día. No hay nada de rápido en esta parte del tour, y eso es exactamente el punto: nadie te apura para que te embarres, te sequés y te enjuagues en cierto número de minutos, el ritmo lo marca el grupo.
Vale la pena mencionar que este tipo de baño de barro mineral, aunque hoy se presenta como parte de una experiencia turística, sigue una lógica muy distinta a la de un spa convencional. No hay productos embotellados ni fragancias añadidas, es simplemente lodo del estuario tal como sale, con los mismos minerales que las comunidades de la costa han usado durante generaciones para el cuidado de la piel.
Cómo es el día completo y qué incluye
Este no es un tour de medio día. Se trata de una experiencia de aproximadamente 12 horas entre la recogida y el regreso, con salida temprano desde tu hotel en Cancún o la Riviera Maya, ya que Las Coloradas está a unas 3.5 a 4 horas por carretera desde la zona hotelera. El recorrido incluye guía bilingüe certificado, transporte redondo, un lunch de caja para el camino (sándwich, fruta y jugo) y, más adelante, un almuerzo completo de mariscos en un restaurante local con pescado, ceviche, sopa de mariscos y platillos regionales, con opciones vegetarianas disponibles.
Lo que no está incluido son las bebidas en el restaurante, las propinas y el impuesto de sal de Las Coloradas, que se paga directamente en el sitio. Vale la pena llevar efectivo para esto último, además de algo extra por si quieres comprar sal artesanal o alguna otra pieza de recuerdo elaborada por productores locales en el centro de visitantes.
Por lo largo del trayecto, este tour suele recomendarse más para quienes ya tuvieron uno o dos días de descanso en la playa y buscan algo distinto, que como primera actividad al llegar a la Riviera Maya. El cansancio del camino se compensa de sobra con la variedad del día: paisaje industrial rosado, manglares, vida silvestre y un ritual de bienestar, todo en una sola salida.
Mejor época y consejos prácticos
Los flamencos están presentes en la reserva de marzo a noviembre, así que casi cualquier época del año fuera de ese rango reduce las probabilidades de verlos en buen número. Para el color de la laguna rosa, el mejor momento del día suele ser la mañana o media tarde, cuando la luz no es tan cenital y el contraste con el agua se aprecia mejor en fotos. Evita el uso de dron sin autorización previa, ya que la zona está regulada por tratarse de una reserva federal e instalación industrial activa.
Como es una salida larga y temprana, conviene dormir bien la noche anterior. Lleva ropa cómoda que no te importe ensuciar durante el baño de barro, calzado que se pueda mojar, bloqueador y sombrero para las partes del recorrido en lancha abierta, y una muda extra de ropa para el regreso. La mayoría de los visitantes coinciden en algo: las fotos, aunque parezcan editadas, no le hacen justicia al color real que se ve en persona.
Si llevas cámara propia, un filtro polarizador ayuda a reducir el reflejo del cielo sobre el agua y deja ver el rosa con más profundidad. La llamada hora dorada, poco después de que sale el sol o poco antes de que se oculte, suele dar los mejores resultados, aunque en un tour grupal el horario de paso por las salinas depende del itinerario completo del día, no se elige de forma individual.
Para quienes solo tienen unos días en la Riviera Maya y deben elegir entre varias excursiones de día completo, vale la pena pensar en Las Coloradas como la opción que combina más elementos distintos en una sola salida: paisaje que no se parece a nada más en la región, fauna silvestre protegida, historia productiva de siglos y un ritual de bienestar, todo en un solo boleto.
Un detalle que pocos mencionan de antemano: el reflejo del sol sobre la sal blanca y el agua rosa puede ser tan intenso como el de la nieve, así que unos lentes de sol oscuros ayudan tanto para la comodidad como para las fotos. Y aunque la tentación de caminar descalzo junto a los estanques es comprensible, la superficie de sal cristalizada puede ser filosa en algunos tramos, así que el calzado cerrado sigue siendo la opción más segura durante esa parte del recorrido.
Si quieres vivir este día completo (salinas rosas, manglares, flamencos y baño de barro maya) en un solo tour con transporte y comida incluidos, puedes reservarlo directamente con nosotros.

